Bahia San Agustin

El carácter del ganador PDF Imprimir E-mail
Jueves, 25 de Marzo de 2010

 

Cuántas veces hemos estado durante un entrenamiento observando a uno de nuestros jugadores y hemos pensado: “con lo bien que lo hace todo, ¿por qué a la hora de la verdad, en los partidos no aporta tanto como debería?”, “¿por qué, con las condiciones que tiene, no es el mejor jugador del equipo?”, “¿cómo es que no termina de explotar?”

Seguramente hemos intentado responder esas preguntas mirando a distintos jugadores. Gente que por condiciones físicas, técnica o inteligencia, deberían jugar mucho mejor pero en cambio no conseguimos que despunten y se esconden en los partidos. ¡Y nosotros que esperábamos que fuesen los líderes de nuestros equipos! Todos ellos tienen un denominador común: la fragilidad de carácter. No son verdaderos ganadores.

Porque los ganadores son distintos. Son mejores, claro, pero además hay pequeños detalles que los distinguen. Se mueven de una manera diferente, actúan diferente, incluso sonríen diferente. Pero hay algo que les delata: miran diferente. Los auténticos ganadores tienen una mirada desafiante, intimidadora. Una mirada que demuestra la confianza que tienen en sí mismos, que transmite confianza a sus compañeros y causa inseguridad a los contrarios. Y esa mirada es el reflejo de una voluntad y una concentración superiores a las de los demás.

En los primeros años de práctica deportiva hay que conseguir que los jugadores vayan adquiriendo un carácter luchador, que no se relajen, que no regalen nada. Que estén muy concentrados en lo que hacen y que piensen sólo en dar lo mejor de sí mismos. Menos no nos vale. Son niños que quieren jugar y divertirse, por supuesto, pero por naturaleza también quieren aprender, competir... quieren ser mejores que el compañero.

En cada entreno hay decenas de ocasiones en las que un jugador debe demostrar si es competitivo de verdad, si tiene ese “carácter de ganador”: un balón rodando, un balance defensivo al que seguramente no llegue, un contraataque claro que sus compañeros podrían resolver sin él... Esos momentos son oportunidades que tenemos que aprovechar para mostrarles a los jugadores qué es lo que esperamos de ellos. El nivel de exigencia debe ser máximo en cada entreno, desde el primer minuto hasta el último.

Pueden no ser demasiado rápidos, que físicamente no sean dominantes, que técnicamente no sean los mejores... Sólo hay una cosa que debemos exigir a los jugadores: esfuerzo máximo. Que me den el 100% de lo que llevan dentro. Tengan el nivel que tengan. Sólo así lograremos ir convirtiéndolos en ganadores. Hay que intentarlo. Hay que conseguirlo. 

Ojalá que nuestros jugadores miren diferente.